Marina Giancaspro

DEPOIMENTOS


Marina Giancaspro

Bailarina, professora da Técnica Alexander

A experiência da aula que tomei com Geórgia Dias em Buenos Aires, no ano passado - 2012 - foi verdadeiramente nova, e de uma felicidade enorme. Geórgia me devolveu a confiança no riso. Eu entrei na aula, um pouco angustiada dizendo: Vamos ver se você pode me ajudar, eu gostaria de explorar algo que acontece comigo. Uma das coisas que eu mais gosto de fazer na vida é rir, eu gosto muito de rir, e as pessoas me dizem que meu riso é muito alto, que eu me rio de qualquer coisa... isso me da vergonha. Então reprimo a risada, e quando inevitavelmente eu rio de algo, começo a sentir dores no pescoço, nos ombros, como um riso nervoso para não rir, para não incomodar os outros, você me entende? Geórgia me olhava sorrindo, com os olhos iluminados e vivazes, como uma fada do riso que vinha cumprir uma missão "ahá... ela disse sorridente e segura, pois então vamos rir." E colocando suas mãos delicadas em mim, começou a desenhar uma canção em sua voz, que eu repetia, e a cada lugar que eu me me parava, eu ria, nervosamente.

E ela ria comigo, expressiva, sem medo, segura. A aula se transformou em uma sessão de riso Divino. Como duas deusas embruxadas em um diálogo de gargalhadas. Entre uma e outra gargalhada Geórgia guiava minha ordem, minha direção. E eu reconhecia os hábitos de tensionar e subir os ombros, afundar o sternum, empurrar a cabeça em direção da minha garganta e forçar a cara para 'fazer o riso'. 


Nós ríamos de cada um desses hábitos!!! Com tanta paixão e tanta cumplicidade que as outras pessoas que estavam no estúdio queriam saber o que estávamos fazendo alí, e queriam participar dessa 'extravagância', dessa loucura.

A aula durou aproximadamente uma hora, passamos do tempo combinado. Passamos toda essa hora rindo, parando e direcionando a ação consciente e construtiva já não do riso, mas de toda uma personalidade, de toda uma comunicação nova, como duas amigas inseparáveis que levam consigo esse momento especial. Eu tinha uma aluna que vinha tomar uma aula comigo logo depois dessa sessão, e já não podia parar de rir.

Claro que minha aluna Sofia, que está por começar a formação para professora da Técnica Alexander, quis tomar uma aula com Geórgia. Em sua aula, Sofia disse que Geórgia lhe deu de presente um novo nariz. Sofia aprendeu a respirar.


texto original


Marina Giancaspro

Profesora de la tecnica Alexander, recibida en ETABA bajo la dirección de Merran Poplar, bailarina y profesora de danza contemporánea, profesora de gimnasia y co-directora del Festival de Danza Contemporánea de Buenos Aires



La experiencia de la clase que tomé con Georga Dias en Buenos Aires, el pasado año 2012 fue verdaderamente nueva, y de una felicidad enorme. Georgia me devolvió la confianza en el reir. Yo entré a la clase, un poco apenada diciendo: A ver si me puedes ayudar, yo quisiera explorar algo que me pasa. Una de las cosas que más me gusta hacer en la vida es reir. me gusta mucho reirme, y la gente dice que mi risa es muy fuerte, que yo me río de cualquier cosa...eso me da verguenza. Entonces reprimo la risa, y cuando inevitablemente me rio de algo, empiezo a tener dolor en el cuello, en los hombros, como una risa

nerviosa para no reir, para no molestar a otros, me entendés? Georgia me miraba sonriendo, con los ojos iluminados y vivaces , como un hada de la risa que venía a cumplir una misión "ahá...dijo sonriente y segura, pues vamos a reir entonces." Y poniendo sus manos delicadas en mí, comenzó a dibujar una canción en su voz, que yo repetía. Y en cada lugar en el que me detenía, yo me reía, nerviosamente. Y ella reía conmigo, expresiva, sin temor. Segura. La sesión se transformó en una sesión de risa Divina. Como dos dioses embrujados en un diálogo de carcajadas. Entre una y otra carcajada, Gerogia guiaba mi orden, mi dirección. Y yo, reconocía los hábitos de tensar y subir los hombros, hundir el esternón, empujar la cabeza hacia mi garganta y forzar la cara para "hacer la risa". De cada uno de esos hábitos, nos reíamos!!! Con tanta pasión y con tanta complicidad, que las otras personas que estaban en el estudio querían saber qué era lo que allí haciamos y participar de esa "extravagancia", de esa locura.

La clase duró aproximadamente una hora, nos pasamos del tiempo acordado. Pasamos toda esa hora riendo, deteniéndonos y direccionando la acción consciente y constructiva ya no de la risa, de toda una personalidad, de toda una comunicación nueva, como dos amigas inseparables que llevarán consigo ese momento especial. Yo tenía una alumna que venía atomar mi clase luego de esta sesión, y ya no podía parar de reirme.

 

Por supuesto mi alumna, Sofía, que está por comenzar la formación como profesora de la Técnica, quiso tomar una clase con Georgia. En su clase, Sofía dice que Georgia le regaló una nueva nariz. Sofía había aprendido a respirar.